Durante los últimos meses hemos visto que, en determinados momentos, el precio de la energía eléctrica (precio del megavatio hora) en el mercado mayorista diario (pool) ha sido negativo. Esto quiere decir que las empresas productoras de electricidad tuvieron que pagar por inyectar megavatios hora a la red. Pero, ¿por qué la electricidad llega a tener precio negativo? ¿Cómo afecta eso al consumidor final y a los productores de energía? ¿Constituyen los precios negativos de la energía una amenaza para el autoconsumo?
En primer lugar, definamos por qué sucede esta situación. Si coincide en el pool un momento de mucha oferta de electricidad (muchas instalaciones productoras quieren vender su energía) y a la vez, de muy poca demanda (un domingo de primavera a medio día con temperaturas leves, con las industrias paradas, y sin aires acondicionados ni calefacciones eléctricas, por ejemplo), es posible que el precio de la electricidad se abarate tanto que llegue hasta a ser negativo. Esto es, existe un exceso de oferta superior a la demanda, y toda la electricidad ofertada no puede inyectarse a la red. Los precios serán negativos si hay instalaciones generadoras que no pueden o no quieren dejar de producir, por lo que deberán pagar si quieren inyectar su energía a la red.
En los últimos meses se ha dado esta situación de sobreoferta, ya que han coincidido diversos factores. Uno de ellos ha sido el exceso de producción fotovoltaica a medio día, de todos los parques fotovoltaicos a la vez, que es precisamente cuando menos demanda hay. La producción en estas instalaciones no se puede diferir, aunque sí que se puede gestionar (parando la producción). Por el contrario, a las centrales nucleares y los ciclos combinados, que tienen mucha inercia, sencillamente les sale más barato pagar por inyectar la energía a la red que parar-arrancar, pagar-arrancar. Por lo tanto, lo más probable es que las instalaciones de energías renovables, como la eólica o la fotovoltaica, paren. Esto deriva en que, en los momentos en los que esto ocurre, el mix de generación es más sucio (mayor porcentaje de uso de combustibles fósiles frente a energías renovables). Esto implica: mayores emisiones de CO2 y/o residuos nucleares.
Respecto al aspecto monetario, el mecanismo de los precios negativos no tiene por qué ser especialmente dañino para los productores, ya que en muchas ocasiones existen contratos bilaterales (es decir, el productor ya ha vendido previamente la energía que produce directamente al cliente final sin pasar por el mercado mayorista y la volatilidad de los precios). Así, por ejemplo, una instalación fotovoltaica que ya haya vendido su energía, inyectará a red para cumplir con su cliente, y se habrá asegurado unos ingresos mínimos o fijos, a pesar de tener que pagar una cierta cantidad para poder hacerlo.
En el caso de los parques solares, se trata de una tecnología de generación diversificada, en manos de diversas empresas que han ido construyendo sus instalaciones del orden de megavatios, por lo que más movimientos de PPAs (contratos bilaterales a largo plazo) solares. Por el contrario, esto no ocurre con las nucleares, los ciclos combinados y la gran hidráulica, que se reparten entre Endesa, Iberdrola, Naturgy y EDP. De forma parecida, el 50% de la energía eólica está en manos de cuatro compañías.
Sin embargo, los precios negativos pueden tener un efecto desincentivador sobre las energías renovables, ya que los promotores podrían encontrar problemas para financiar nuevas instalaciones.
Frente a la problemática de los precios bajos o negativos y su posible efecto desincentivador, las soluciones serían aumentar la demanda en los momentos en que hay exceso de oferta (como fomentar la carga de vehículos eléctricos) e implementar soluciones de almacenamiento energético, como los bombeos reversibles o los sistemas de baterías (BES).
Y para el usuario final consumidor, ¿los precios negativos son beneficiosos?
Aquellos consumidores que tienen contratada la tarifa regulada (el Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor, PVPC) ven directamente el abaratamiento de la electricidad en el mercado, ya que su tarifa es indexada. Si bien el resto de consumidores no aprecia este abaratamiento de forma inmediata, se beneficiará de ello a medio plazo, ya que las comercializadoras deberán ajustar sus precios para que sean competitivos con el PVPC y no perder clientes.
¿Cómo afecta esto al autoconsumo? El hecho de que la energía de la red sea tan barata podría ser perjudicial para el avance del autoconsumo fotovoltaico. Sin embargo, hay que destacar que estas situaciones de precios tan bajos e incluso negativos no dejan de ser ocasionales. Seguirán ocurriendo, pero se darán en momentos muy concretos en los que coincidan varios factores a la vez (mucho sol, mucha capacidad hidráulica, etc.) Con el tiempo, el mercado será capaz de autorregularse y equilibrar la oferta y la demanda. La electrificación de ésta última -que es a lo que tienden España y Europa- ayudará a estabilizar el mercado eléctrico y promoverá la implantación de nuevos prosumidores, con la introducción masiva de baterías, el vehículo eléctrico y la sustitución de calderas por aerotermia y bomba de calor.
Por lo tanto, el autoconsumo no corre un riesgo real, y sigue siendo una opción muy rentable sobre todo para el sector industrial.
Fuentes consultadas: https://www.energias-renovables.com/panorama/precios-negativos-20240515
